El miedo ha juntado los cuartos de luna
y todo se ve más claro.
En tiempos de no alerta, toda la energía
se concentra en el despegue.
El aterrizaje es apenas un vuelo sin motor.
Pero hay ocasiones de aproximación frustrada.
Los motores estallan,
y las maletas se extienden por la pista.
Sería encantador que entonces,
alguien, descuartizara la luna y desviara la travesía.
